Triunfo numérico para hoy y toreo caro para el mañana

Oreja benévola para Lama de Góngora con el único toro de calidad de Alcurrucén. Los paraguas frenan el triunfo de un notable Pepe Moral. Fabio Jiménez, con el peor lote, da los mejores muletazos de la tarde.

Por Álvaro Acevedo

Sevilla. 11 de abril. Más de un tercio de entrada. 6 toros de Alcurrucén, preciosos de hechuras y de escaso juego excepto el gran 2º y el manejable 4º. Pepe Moral, ovación y vuelta al ruedo. Lama de Góngora, oreja tras aviso y silencio. Fabio Jiménez, ovación tras aviso y silencio.

La de Alcurrucén habrá sido, muy posiblemente, la corrida más bonita de la Feria de Abril, y faltan todas las demás por lidiarse. Esto dice mucho a favor de los ganaderos, los hermanos Lozano, pero a la vez los cargaba de responsabilidad. Acorde a sus hechuras, lo normal hubiera sido indultar a dos o tres.

Pero de lo bonito no (siempre) se vive, así que el encierro dejó mucho que desear en líneas generales. Embistió el segundo con clase por los dos pitones y se dejó bastante el cuarto, una pintura de toro; pero los demás, apenas se dejaron hacer nada con el capote y se desfondaron en la muleta, propiciando un espectáculo tedioso, que es lo peor que puede suceder.

El toro de la tarde le tocó a Lama de Góngora, que es un torero pinturero, con maneras, que conecta con la gente. El de Alcurrucén no prometía demasiadas cosas de salida, venciéndose en los capotes y esperando en banderillas. Pero en la muleta fue otra cosa. Más vivo que sus hermanos, embistió con franqueza por el pitón derecho y todavía mejor por el izquierdo, con gran calidad. El diestro sevillano empezó animoso, algo ligerillo, e incomodado por el viento cuando quiso abrir al toro fuera de las rayas. Así, las primeras series, aunque ligadas, no pasaron de aceptables, pero ya de las rayas para adentro se confió más comenzó a torear con más ajuste y templanza. Hubo varios naturales de buen estilo, un redondo excelente en una serie que acabó con un gran cambio de mano, y más naturales, ahora a pies juntos y de frente, que llegaron con fuerza al tendido. Pinchó antes de la estocada y le dieron una oreja de esas que se dan ahora, para socavar cada día un poquito más el prestigio de la Maestranza.

Para cuando salió el cuarto de la tarde, un bellísimo berrendo en colorao, el aguacero ya había llegado al Arenal y la gente buscaba el refugio del tendido cubierto. Pepe Moral, que es un torero cuajado, lo toreó con buen aire de capote y le hizo cosas excelentes. Sus dobladas iniciales fueron torerísimas; y un par de tandas en redondo derrocharon asentamiento, mando y hondura. Moral es un torero grandón pero nada tosco. Mató de meritoria estocada porque el toro no le dejó pasar después de que la faena se viniese un poquito abajo en su último tramo. Supongo que por eso no le pidieron la oreja que, a tenor de lo acontecido con Lama de Góngora, hubiera merecido tanto o más.

Curiosamente, lo mejor de la tarde lo hizo el que se llevó el lote nulo, un Fabio Jiménez que si le dan tiempo para cuajarse puede romper en torero caro. Fueron cinco o seis muletazos sueltos al tercer toro, un animal sin apenas fuelle al que sólo un torero con enorme calidad podía sacar partido. Este riojano, todavía muy inexperto, tiene ya sin embargo una idea muy clara de cómo quiere torear. A partir de una colocación impecable, practica un toreo de un clasicismo deslumbrante, planchada la muleta, acompañando con el pecho, toreando con los vuelos. Los pocos muletazos que le pudo pegar al toro tuvieron un aire magnífico, con un natural sencillamente inconmensurable. Aguantó además algún parón que otro y mató de buena estocada. El sexto, reservón y áspero, confirmó que traía la suerte de espaldas.

Fotografías de Mauricio Berho

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